Por Lourdes Maria Núñez Encinas.

“Padre amado creador del universo.
Limpia mis ojos, para que solo sean capaces de percibir la grandeza y la bondad en los ojos de mis semejantes y te pido desaparezcas el deseo de envidia y el juicio inecesario de los míos.
Señor limpia mis pensamientos, que aunque silenciosos atraviezan como cuchillos desesperados, tasando todo lo que encuentran a su paso y permíteme transformarlos en pensamientos dulces y creativos llenos de libertad y de alegría.
Limpia mis oidos de ésas voces internas que sin compación atormentan mi cabeza de todo ruido distorsionado, que me impide percibir los sonidos amables y armoniosos del viento, y de las voces que cantan sones de fuerza y regocijo.
Limpia mi garganta, para que mi voz sea firme y decidida; Que las palabras que de ella broten sean más dulces que el silencio, y lleven consuelo y esperanza a quienes las escuchen.
Padre limpia mi corazón de todo odio de todo rencor y resentimiento, tállalo con la lija del perdón  para que de él solo emane la miel del amor y la compasión y  pueda ser capaz de tolerar y con ello conocer tu  verdad
Limpia y restaura mis brazos para que puedan ser capaces de sostener. Que mi abrazo acompañe al dolido, que de fuerza al que creé que la ha perdido, que de compañía al solitario y confort al desválido.
Limpia mis manos de la avaricia y el egoísmo, límpialas de la destrucción que algún día por la rabia y el odio fueron capaces de destruir y devastarlo todo.           Permíteles  reconstruir un mundo Nuevo.  Dame unas manos confiables y afables sin intensiones retorcidas, ni compromisos no cumplidos.
Limpia mis entrañas  más profundas, ahí en donde se genera la vida, en donde se crea todo , permite se drene la porquería que ahi ha sido almacenada durante tanto y tanto tiempo.
Límpiame Señor, para que entonces pueda yo ser digo de crear mi obra maestra, pueda ser entonces merecedora al título de madre.
Limpia mis piernas y mis pies; quienes sostienen mi cansado cuerpo fortalécelo para  que mis pasos  sean firmes, decididos, y no vacile en las decisiones importantes que tome en relación a mi propia existencia  y pueda llegar de vuelta a Ti.
Y por último te suplico me des la fuerza, me des la tolerancia, me des la compasión, me des la decisión,  disiplina y la constancia para que todo esto que hoy te pido hagas Tú por mi.  Que el día de mañana  sea yo lo suficientemente coherente para no olvidar qué fué lo que hoy,  yo te pido.  Ya que al final de cuentas, al parecer todo se reduce a llegar a ser un digno ser.
Amén.
Papá, amado Rey.  Te digo esto, desde el más profundo rincón de mi alma”
Esto te comparte el Rey.