La Disculpa de la Sinrazón – Breve salida a hombros de Castella en La México

Una disculpa: la “calidad” del encierro. La sinrazón: la “comodidad” de los toreros. La razón de la culpa: el técnicamente irreprochable trasteo de Sebastián Castella desvirtuado por el brevísimo oponente de San Isidro al que enfrenta y la colocación de su espada. Derrota ganadera y también para “Zapata” y “Payo” que en pleno tobogán quedan relegados.

Por: Luis Eduardo Maya Lora – De SOL Y SOMBRA.

Se desinfla el encierro conforme corre el dorado y peinado ruedo de la Monumental México, tan majestuosa como abierto y claro es el cielo del domingo en Mixcoac.

Así como la corrida, chica y mansa en lo general, aire pierde “El Zapata” que en horas bajas tiene una tarde a lo sumo difícil, como hace tiempo no le vemos de mal. Ocurre que recibe en buen modo al negro, basto y feo que abre plaza. Todo en orden en el caballo, bueno el quite chicuelinero y claro, el gentío se alebresta y “Zapata” se carga todo toro en banderillas.

Contrario a agarrar aire, el toro se queda parado al piso. Banderillas desiguales dan lugar para la guasa allá por la Porra Libre al quitar “Zapata” un par delantero y caído: “¡De una vez todas!” No podrá ser con la muleta porque Uriel no lo ve claro, el toro a menos y el torero aun a peor con el doble aviso y la doble visita a la lona taurina. Un toro le ha quitado al descabellar los pies del piso al torero que ayer parece tener la mente en otra corrida.

Menos puede ser con el cárdeno y fino cuarto. Aquí la falta de fuerza condiciona desde salida. César Morales pega bien pero ante un torero toda categoría y entero como este gran piquero, no puede tener un enemigo tan pequeño. Gran capotazo de Gerardo Angelino y meritorio tercio de banderillas de Moreno, incluido un gran par al violín por dentro, poco abonan en que progrese el toro.

Se diluye el toro a la par que el torero y la expectación de la gente. Grisura en Uriel, hoy no le ha ayudado ni el terno. Apenas algún natural suelto y no más. Mal con la espada y hasta el puntillero le juega contras. Abucheo y nuevo aviso.

La corrida, es poca cosa. Nuevo grito de “¡Novillero!” ante la salida del brevísimo, estrecho y nada intimidante segundo. La cosa comienza mal cuando los toros no dan miedo. Sebastián Castella se gusta genuflexo –no rodilla en tierra como dicen algunos, hay diferencia por favor- en esa especie de tijerilla de la cual, anovilladamente, el toro brincotea pero el torero se hace de él.

Ya de pie los parones son efectivos y lucidos, lo mismo lo suave del remate, lleno de temple. Castella calcula preciso y exacto no solo el castigo, donde Don Ángel Juárez destaca, sino el terreno en el cite a favor de la querencia para su enésimo quite por chicuelinas, gira con la mano alta y vuelve a brillar su cadencia sobre todo en la verticalísima planta.

José Chacón es un torerazo, así de claro. Lo demuestra tanto con su vestido, gris y plata – el precioso traje que conmueve la canela del rostro de una señorita en barrera- como con los palos delante de este “Habanero” al grado de saludar y a la brega en el quinto también.

El toro bien lidiado generalmente se encela y eso consigue la cuadrilla de Castella, encelar de modo tal que el burel de pronto se arranca. Lástima grande que Luis Castañeda nos impide ver lo que habría de ser un momento bueno, a toro arrancado, el brindis interrumpido deja a Castella en la posición que algún día “Cuqui de Utrera” tuvo en Sevilla o el propio Enrique Ponce en la Plaza México con “Xoconoztle” de Marco Garfías, comenzar la faena antes de brindar.

Los cuidan tanto que terminan por descuidar la maravillosa imprevisibilidad del arte. Donde está la virtud.

No importa para Castella que comienza con el pre concebido pase estático que muestra, además de la poca cosa que es el burel, que el astado está más pendiente de “atacar” con el hocico que con los pitones en complejo casi doméstico, lejano. Agreguemos a esto que, como toda la corrida, tiene “Habanero” la tendencia a rascar. ¿Será bravura?

Sobre la derecha, sobre la línea, con temple siempre y variado en los comienzos, derechazos se entrelazan con serenidad, siempre en los medios, Castella añade a la quietud el temple, simple en su empaque pero siempre técnicamente sobresaliente. Rompe y anticipa la muñeca a la intención del cornudo de escabullirse, cambios de mano anteceden pases de pecho.

Tras intento con la zurda viene un inexplicable desarme. Hoy todo se perdona, peor aun, se premia. Pero hay que decir que contesta Castella con una gran tanda de derechazos, quizá la mejor. Remonta el tropezón de singular manera, rotundo y más lento si cabe. La faena crece, incluso en cercanías donde justo da la impresión que su concepto se agota tanto como se acortan las distancias.

Ahí, en lo cortó, vuelve sobre la zurda y destacan muñeca y temple ante del breve ejemplar. Anticipa movimiento de su aniñado rival, gana la partida ante el ahogo del cuadrúpedo y el afrancesado desplante corona la obra. Pero aun queda algo. Cierto es que: “Prometed un caramelo a un niño y lo seguirá hasta el fin del mundo” La muleta de Castella, tomada de la punta del estaquillador –cual la envoltura de los dulces de los abuelos sigue el cárdeno que la toma entregado y a más. La Plaza ruge.

“Habanero” en afrancesada y operística referencia, es lidiado al límite por su “Toreador” que expone y piramida sus más ocultas virtudes. Todo el mérito es del de alamares. Pero su trapío es una parodia de la obra de Bizet que no se toca nunca por retazos como si salen – a veces- los toros del toril.

Sebastián se alinea poquito fuera del pitón derecho. Mata de entera, trasera y caída, al volapié en la suerte natural. El toro se rinde pronto. La autoridad suelta correctamente una y dispensa desarme y defecto en la estocada para aflojar otra. Dos orejas, vuelta al ruedo y triunfo en desproporción del enemigo enfrentado, corto como su sienes, breve como “la media luna de las astas de su frente”

Contento se va Castella, veremos si la obra sobre pasa la prueba del tiempo. Como no la pasa su serio segundo enemigo, el que más del encierro, que se queda ayuno de todo. Bien Raúl Bacelis en banderillas y, otra vez, Chacón a la brega. Una tanda y no más desplomado el isidro, diluido el color de su divisa.

Paradójicamente “El Payo” un torero que tiene clase acaba, a lo José Zorrilla, “de rodillas y a sus pies” los del toro de la contrariedad. Su triunfo más grande llegó en 2009 con un toro, inolvidable, de San Isidro, su hora más baja con toros de esta casa.

Le descubre tranco en la muleta al feo tercero. Pero, tras susto con la izquierda, la escasa serenidad de pies y de cabeza, impide volver a ese pitón tras tandas a velocidad crucero con la derecha. Siempre igual, siempre aplanando sin conseguir profundidad se ve sorprendido García e incluso pitado tras no poder, según le dijo a su apoderado, ni siquiera con el descabello. Penosa escena.

Con el sexto arrea. “Payo” conoce el oficio, sabe que requiere cada toro. Cuando al sexto, manso siempre, le descubre al estar cerca, templado y próximo a las tablas, vienen cuatro buenos derechazos. Pero sus remates, corriendo y a la trágala llevan a la división. Paliza al queretano que alebresta al público que jalea incluso el dejar pasar del torero que queda sin ataque ni contraataque.

Cobra una buena estocada y con la paliza sumada suelta Gil Torres – con el criterio y el prestigio así, a medias- la oreja que es evidentemente pitada. Antes autoriza el regalo del “Payo” que acaba en el piso tras intentar, como una tarde en Madrid, recibir en los medios. Pena que el toreo de clase se reduzca a esto. Paso atrás en las verónicas, lamentable. Mala suerte al clavar el precioso regalo los pitones en la arena. Mal y de malas.

Paso atrás en el cite con la izquierda, increíblemente, hoy talón de Aquiles, otrora arco y columna de su toreo –revisen “Arte Puro”. Pinchazos, contrariedad… ignominia. Pena que este joven se muestre más perdido que nunca. Lo necesitábamos.

Tanto como requerimos el toro. Porque lo anovillado –llámenle como quieran veedores y reptiles taurinos- lejos está del arte, que como en el toro, siempre es madurez. San Isidro estira la liga y ésta se revienta. Las revoluciones de la marcha del toreo son demasiadas y no hay tiempo para los relegados.

El toro breve no es una disculpa –en pos de la calidad- es sin duda la razón de la culpa, pero nunca podrá ser la disculpa de la sinrazón.

Aunque Usted, señor taurinerillo, sí lo crea.

Twitter: @CaballoNegroII.

RESUMEN DEL FESTEJO.

Plaza México. Temporada Grande 2010-2011. Domingo, Enero 22 de 2012. Décima segunda de Derecho de Apartado. Menos de media plaza en tarde fresca con cielo abierto. Algo de viento al inicio, apacible después. Mucho ambiente y gente guapa en los tendidos. Reventa descarada.

7 Toros, 7 de San Isidro (Divisa Azul rey, amarillo y rojo) Desiguales y chicos en general. Impresentable el segundo, nobilísimo y anovillado. Homenajeado injustamente con el arrastre lento. Débiles en general, descastados y sosos.

Uriel Moreno “El Zapata” (Teja y pasamanería blanca) Pitos tras dos avisos y División tras aviso. Sebastián Castella (Malva y oro) Dos Orejas y leves palmas tras aviso. Octavio García “El Payo” (Marino y oro) Pitos tras aviso, oreja protestada y división en el de regalo. Castella salió a hombros.

Destacaron a la brega, Gerardo Angelino, Sergio González y José Chacón, quien saludó tras parear fenomenalmente al segundo de la tarde.

Nueva mala tarde de Gilberto Ruz Torres en el biombo al otorgar la segunda oreja a Sebastián Castella y el arrastre lento al segundo.

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