Por: Jaime Oaxaca

Poco, muy poco tiempo falta para que suene el pasodoble Cielo Andaluz durante el paseíllo de la primera corrida de la Temporada Grande en la plaza México; sólo dos semanas para quitar el cerrojo y que dé inicio el serial invernal.

La expectación es alta. El público tiene interés en ver lo que hará la nueva empresa, hasta el momento han realizado ocho novilladas, cuatro sin picadores, las otras cuatro con los montados; faltan cuatro más, las tres últimas para los triunfadores, también con picadores.

El ganado que se ha lidiado en las ocho novilladas celebradas en la plaza México, ha sido para aplaudir. Unos con más trapío que otros, eso es normal; pero todos, entiéndase, todos los novillos han estado bien presentados.

Contrario al ganado que se lidió en temporadas anteriores, que incumplieron con el reglamento y la decencia dañando a la hizo a la fiesta.

Recordemos que antaño predominó el novillo engordado en corridas de toros; las autoridades, prensa, aficionados, matadores, ganaderos y empresa se confabularon para meter estocadas a la tauromaquia mexicana.

Muchos ejemplares que se lidiaron en esos años anteriores, tenían menos presencia que algunos de los que se jugaron hace unas semanas en las novilladas pasadas.

 

 

 

 

La expectativa es alta, los aficionados desean que por la puerta de toriles salga el toro. Entiéndase por toro un animal con el mínimo de cuatro años cumplidos, el trapío propio de una res adulta, los pitones desarrollados, con morrillo y, evidentemente, con cara de adulto.

Nadie habla de elefantes con cuernos, pero tampoco de chivos, sencillamente reses que realmente hayan cumplido cuatro años.

Hace unos días se dio a conocer el elenco de toros y toreros para la temporada que inicia el 13 de noviembre en el coso más grande del mundo. Por supuesto no se dejó satisfecho a todos los taurinos, sobre todo en lo que al ganado se refiere.

En el elenco figuran dehesas bobas a las que gentilmente se les dice comerciales. ¡Viva el eufemismo!

Las figuras extranjeras llegan exigiendo ese ganado bobo, no hay forma de impedirlo a menos que la gente en la plaza arme una bronca cada que salgan animales de comportamiento borreguno. Sin embargo, el público los aplaude. Ojalá las porras recuperen su categoría taurina y vuelvan a ser la conciencia taurina del embudo de Los Insurgentes.

Otra cosa que piden los extranjeros es que esos animales sin bravura, tengan tres años de edad o menos y con las cornamentas como si tuvieran guantes de box.

La empresa tiene el sartén por el mango porque son los del dinero, deben dejarle claro a los apoderados que las trampas anteriores ya no se puede hacer. Que serán los toros bobos, pero al menos tendrán edad y trapío.

Quitando a Tomás, El Juli, Hermoso de Mendoza y quizá a Ponce, al público no le importan ni Perera, Talavante, Castella, Manzanares, Luque, Morante, Padilla, ni siquiera Roca Rey, al grueso de la gente les da lo mismo si los contratan o no. 

Si los toreros son incapaces de meter público al tendido, como es que se tiran la puntada de exigir y de imponer condiciones, por más figuras que sean si no lo reflejan en la taquilla, se convierten en uno más y como tal deben tratarlos. Basta de cumplir caprichos anti reglamentarios.

Es tiempo que la actual empresa haga valer su dinero. Es tiempo de poner un alto a las pretensiones de los diestros.

El ganado a lidiarse, aunque sea bobo, al menos tiene que salir al ruedo con trapío. Es posible que mejore el juego de las reses. Los ganaderos ceban animales de tres años para que den el peso, como no pueden con tantos kilos, los animalitos se quedan parados o se caen a las primeras de cambio.

Las figuras lejos de darle categoría a la temporada se la quitan con absurdas imposiciones. Cobran mucho y no aportan nada.

Ahora es buen momento para que los nuevos empresarios hagan valer su dinero.