¿Cuál es el magnetismo de Bernie Sanders con las nuevas generaciones del electorado nacional?  La semana pasada tuve una conversación con mi hija de 19 años, quien, como muchos jóvenes universitarios de hoy, está contagiada por el mensaje “revolucionario” que infunde el senador de Vermont.

Yo, como padre y como individuo que se apasiona de los procesos políticos, simplemente me puse feliz de que mi hija tome muy en cuenta su participación en las elecciones del país.

El magnetismo de Sanders con las nuevas generaciones resulta un tanto irónico.  Normalmente se espera que sea un político joven y carismático –muy al estilo del ex presidente John F. Kennedy y del presidente Barack Obama— energice a las nuevas generaciones con sus proyectos sociales y económicos.

Sanders no tiene el carisma de Obama, ni la simpatía de Kennedy.  Tampoco tiene la virtud de conmover a la gente con una oratoria prodigiosa como la que tuvo Martin Luther King, líder natural de las masas minoritarias.

¿Entonces qué es lo que tiene?   A diferencia de estos tres líderes nacionales, Sanders tiene un proyecto político-económico que conquista el corazón de un joven que está en etapa universitaria o de cualquier persona profesional recién graduada que está en busca de oportunidades laborales.  

La retórica de Sanders pega fuerte con todas esas personas que buscan “algo” que les permita salir del atolladero económico en el que se encuentran.

Sanders promueve la idea de que los estudios universitarios deberían ser gratis para todos.  En varios momentos comentó –y con mucha razón— que la educación superior está devaluada.  Un recién egresado de cualquier rama universitaria, no tiene las mismas oportunidades que tenía una persona que egresó en la década de 1960 o 1970.

El mercado laboral está extremadamente saturado de profesionales de todas clases.  Muchos de los nuevos egresados no encuentran trabajos en sus áreas de especialidad.  Tienen que conformarse en áreas afines en centros comerciales o tiendas especializadas.  Un flamante ingeniero que debería estar cultivándose en una planta de ingeniería a menudo desempeña un papel sin importancia en una tienda de artículos electrónicos.  Lo mismo sucede con un administrador de empresas, un biólogo o una persona con un título en ciencias sociales.

En estas condiciones del mercado, los únicos que ganan son las empresas privadas.  Si anteriormente contrataban a personas sin capacidades específicas, hoy se ven abarrotados de hojas de vida o curriculum vitaes de jóvenes profesionales con mucho capital humano.  Todos ellos están dispuestos a ejercer trabajos que anteriormente los desarrollaban personas sin o con poca educación.

Los sueldos de los trabajos que encuentran los jóvenes graduados no les alcanzan para pagar adeudos universitarios estrafalarios.  La colegiatura anual en la Universidad de California Irvine, donde me gradué e impartí clases, cuesta alrededor de 13.000 dólares.  A esto hay que agregar la renta, la comida, ropa, libros y otros gastos.  En la Universidad Estatal de Fullerton la inscripción anual vales cerca de 6.000 dólares.  Una persona tiene que ser extremadamente rica para estudiar en la Universidad del Sur de California (USC), en donde la colegiatura anual vale 50.277 dólares; y si se incluye todo, el costo es de 67.212 dólares anuales por un estudiante.

En este sentido, un universitario sale de la universidad con una profesión que difícilmente va a encontrar un trabajo que le remunere todo lo que gastó en cuatro años de estudio.

Así, resulta muy fácil entender por qué Sanders tiene tanto éxito con las nuevas generaciones.  Su retórica dice mucho de la realidad universitaria.  

Humberto Caspa, Ph.D., es profesor e investigador de Economics On The Move.              E-mail: Esta dirección de correo electrónico está siendo protegida contra los robots de spam. Necesita tener JavaScript habilitado para poder verlo.