Conflicto de estudiantes en la Universidad de California 

Una gran mayoría de los que hicimos vida en Estados Unidos estamos de acuerdo que, de no haber sido por sus inmigrantes, este país nunca hubiese llegado a ser una nación formidable y una verdadera “ensalada” de diversas culturas. 

Como inmigrantes de numerosas regiones del mundo, nosotros no simplemente traemos nuestras bondades laborales a esta tierra de oportunidades, sino también hacemos llegar nuestra cultura, costumbres, ideología y –por qué no— también nuestros problemas. 

Los conflictos regionales o los problemas que originalmente experimentamos en nuestras tierras raras veces desaparecen al momento de abandonarlas y pisar tierras norteamericanas.  Por el contrario, el internet y otras tecnologías revolucionarias de las comunicaciones han incrementado nuestro apego a nuestras viejas costumbres. 

La animosidad bíblica que se vive en el Medio Oriente entre palestinos e israelitas o los problemas recurrentes de la religión judía y la islámica se refleja también en ciudades norteamericanas, específicamente en las instituciones educativas, donde existe una cantidad apreciable de ciudadanos estadounidenses de estos dos grupos religiosos. 

La Universidad de California Irvine, donde tuve la oportunidad de estudiar y también de impartir clases en el Departamento de Ciencia Política de la Facultad de Ciencias Sociales, siempre hubo un grupo nutrido de estudiantes islámicos que forman parte de la Unión de Estudiantes Islámicos (MSU, sigla en inglés).  

Los estudiantes de ascendencia judía también han tomado parte de la población estudiantil de esta universidad.  Como cualquier otro grupo étnico-nacional, los judíos-estadounidenses se unen a grupos que les permita externar sus rasgos culturales y costumbres. 

Lamentablemente, las festividades universitarias, las cuales se organizan durante el año, a menudo se convierten en fórums de los mismos conflictos religiosos y políticos que se originan en el Medio Oriente.  El problema ha sido tan recurrente que la política del campus universitario ha tenido que hacer uso de la fuerza para relajar los ánimos y distender los problemas, especialmente de los estudiantes islámicos. 

Debido a que las tensiones entre estos dos grupos de estudiantes han escalado a niveles nacionales, la presidente de la Universidad de California, Janet Napolitano, quiere que la definición de anti-semitismo del Departamento de Estado del gobierno federal sea incluida entre los “códigos” que rigen al sistema universitario de California. 

Es decir, la nueva conceptualización prohibiría una retórica que “niegue  el derecho de Israel a la existencia, niegue a la población judía a la auto-determinación”, entre otros. 

Desde un punto académico, la nueva definición atentaría contra la libertad de una investigación objetiva del plantel de docentes y estudiantes de la universidad.  Y desde un punto de vista jurídico, la propuesta de Napolitano violaría frontalmente la Enmienda Primera de la Constitución del Estado, la cual defiende el derecho a la expresión libre. 

El maltrato verbal de los estudiantes islámicos a los estudiantes judíos o viceversa siempre debe ser criticado.  Sin embargo, la libertad de expresión dentro de las universidades nunca debe ser comprometida. 

Humberto Caspa, Ph.D., es profesor e investigador de Economics On The Move.          E-mail: Esta dirección de correo electrónico está siendo protegida contra los robots de spam. Necesita tener JavaScript habilitado para poder verlo.